viernes, 13 de diciembre de 2013

Jugando a las cocinitas.

Vecinos. Los hay de muchas clases. Están los "pongo-la-música-a-tope-cuando-me-sale-de-la-mismísima"; los "subo-por-la-escalera-por-no-coincidir-contigo-en-el-ascensor"; los "te-cuento-mi-vida-aunque-no-venga-a-cuento"... y un largo y nutrido etcétera. Pero nosotros tenemos suerte, y entre la "fauna vecinil" de nuestra finca, tenemos a los "vecinos-amigos". Una extrañísima especie, muy difícil de encontrar, y en grave peligro de extinción.

Él italiano, ella valenciana y Stefano il bambino de la pareja (y el amor de mi Joanna). Son como unos Superhéroes-Gourmet de las compras. Conocen todas las ofertas culinarias, dónde comprar el pescado más fresco, la carne más tierna... Pero no acaba ahí la cosa, no. Además tienen la super-arma secreta más potente del mundo cooking: LA THERMOMIX!!!

Así es que con ellos nos une, además de la amistad, un maravilloso pique en la cocina. Cenas y comidas caseras en las que, mientras Joanna y Stefano hacen el cabra y nos desmontan el piso, demostramos nuestro poderío en los fogones. Y cuando digo nuestro, digo el de Rober, porque lo que es yo...

La última comida tocaba en nuestra casa. Rober se ocupaba de todo, claro, pero a mi me dio por hacer el postre y en un golpe de suerte, me salió una tarta de queso COMESTIBLE! Así que me vine arriba. Roberto sería Karlos y yo Eva Arguiñano! No podía esperar y esta semana he estado haciendo experimentos culinarios. ¿El resultado? Un "mami la coca está un poco asquerosita", dos tardes perdidas, dos bizcochos a la basura y muy mala leche... ¿Quien dijo que cocinar relaja?


OH MY CURL!


No hay comentarios:

Publicar un comentario